En el Estados Unidos de la posguerra, los televisores se vendían como un objeto de lujo. Los fabricantes como Motorola o Philco hacían aparatos duraderos. No había necesidad de que el cliente volviera pronto por el último lanzamiento. La tecnología avanzaba a paso relativamente lento y el objeto estaba garantizado para funcionar por unos veinte años.

Era la época dorada del marketing tradicional. El contacto de las empresas con los clientes era esporádico, el target amplio -la boyante clase media-, las campañas de publicidad se ejecutaban en medios masivos como periódicos y televisión, la comunicación se realizaba sólo de la empresa hacia el cliente -no existía un feedback- y se privilegiaba una venta inmediata resaltando las cualidades de calidad-precio en los productos.

Ejemplos de esto pueden encontrarse en cualquier anuncio de electrodomésticos de los 50’s. Para las compañías, el marketing tradicional tenía ventajas económicas importantes, pues podían vender sus productos a públicos masivos, poco diferenciados unos de otros.

Pero los mercados evolucionaron y en un par de décadas la publicidad descriptiva, donde se resaltaban las ventajas técnicas del producto, dejó de funcionar. Luego llegó internet. A partir del siglo XXI la gente comenzó a interesarse más en las historias detrás de las marcas y productos. Versus el marketing tradicional, surgió el marketing moderno y luego el marketing digital u online, como una forma de llegar a públicos bien definidos.

En el marketing online la comunicación no va sólo de la empresa hacia el cliente. Aquí se vuelve fundamental la retroalimentación del consumidor. ¿Le agrada el producto o el servicio? ¿volvería a adquirirlo? Uno de los fundamentos del marketing en línea es la cercanía con el público. Ya no es suficiente comprender el marketing mix tradicional donde producto, precio, plaza y promoción eran los ejes de la estrategia. La desventajas del marketing tradicional ante el digital es clara: toma poco en cuenta la opinión del cliente o tarda demasiado en incluirla en el desarrollo de sus planes. En el marketing online, por la velocidad de las herramientas utilizadas -correo electrónico, redes sociales, aplicaciones-, la respuesta a las reacciones del cliente deben ser prácticamente inmediatas. El target debe sentir que estamos dispuestos a escucharlo y a darle servicio prácticamente las 24 horas del día.

Las organizaciones han de encontrar una combinación entre el marketing tradicional y el marketing digital. No es que el primero haya quedado obsoleto, sino que es necesario adaptarlo a los requerimientos tecnológicos y de servicio del segundo.